Nuestras vidas se resumen a constantes cambios. Todo gira: la tierra, la moda, el trabajo, la política, el dinero y hasta el amor.
De hecho, cuando nos enamoramos, por citar sólo un ejemplo, el primer gran atractivo es lo nuevo que apreciamos en ese ser que recién conocemos y que, sin explicación aparente, nos llega directo al corazón. Tanto, que nos hace cambiar.
No en vano escuchamos a muchas novias decir, “ese hombre me cambió la vida”; o a los chicos advertir, “esa mujer me movió el piso”.
El cambio es un ‘hechizo’. La clave está en la forma como agitemos esa varita mágica para que las cosas cambien de manera positiva.
La forma como asimilemos las variaciones de la vida, nos puede hacer sentir dos tipos de cosas:
Una es que veamos la vida como si nos hubiéramos ganado una ‘lotería’.
Y la segunda es que nos montemos en un pálido cortejo fúnebre.
Sea como sea, en esto del cambio, hay un ‘axioma’: si buscamos el crecimiento personal inherente a cualquier nuevo periodo de la vida, el cambio nos favorece.
Es una página de reencuentro consigo mismo que permite darnos herramienta para encontrar el camino de la busqueda de nuestra espiritualidad
sábado, 6 de noviembre de 2010
ADIÓS A LA ‘BASURA’
Si siente que la rutina lo ha atrapado en una ‘digestión moral’, empiece a conjugar la singular filosofía de los aseadores.
¿Cuál es? es una máxima que, de una manera breve, reza así: ¡basura dentro, basura fuera!
Se trata de un limpio ejercicio que tiene la particularidad de desechar la peor enfermedad que acostumbra a apoderarse del espíritu y que se conoce con el nombre de “aburrimiento”.
Para ello, usted debe tachar la negatividad de su agenda y mandar a la cesta de la basura todo aquello que no lo deje progresar.
Esa relación que usted tiene y no le produce ningún tipo de amistad o de cariño, ¡deséchela!
Esa conversación que no le despierta el mayor grado de confianza, ¡termínela!
Es un ejercicio que, con cierta frecuencia, practican los recolectores de la basura. Ellos, quienes se ‘untan de basura hasta las orejas’, sostienen que “por más mugre que les caiga, siempre se mantienen limpios”.
¡Bueno! ellos sólo recogen lo que les sirve; lo que pueden reciclar. El resto lo entierran.
O sea que los basuriegos lo único que hacen es pensar de una manera positiva y, de esta forma, le sacan más provecho a su digno trabajo.
Si usted se acostumbra a poner el pensamiento negativo al comienzo de su agenda, debe aprender a eliminarlo de una.
¿Cómo se logra?
Un alma fuerte logra maravillas en un cuerpo débil; un pensamiento agradable, destruye un momento triste; y una sonrisa oportuna, es un remedio preciso para una enfermedad.
Haga el ejercicio con lo que esté haciendo ahora y verá los resultados.
Empiece por acercar la cesta de la basura de su oficina o de su cuarto y recuerde esto:
basura que entre a su vida, basura que sale de inmediato de su agenda
¿Cuál es? es una máxima que, de una manera breve, reza así: ¡basura dentro, basura fuera!
Se trata de un limpio ejercicio que tiene la particularidad de desechar la peor enfermedad que acostumbra a apoderarse del espíritu y que se conoce con el nombre de “aburrimiento”.
Para ello, usted debe tachar la negatividad de su agenda y mandar a la cesta de la basura todo aquello que no lo deje progresar.
Esa relación que usted tiene y no le produce ningún tipo de amistad o de cariño, ¡deséchela!
Esa conversación que no le despierta el mayor grado de confianza, ¡termínela!
Es un ejercicio que, con cierta frecuencia, practican los recolectores de la basura. Ellos, quienes se ‘untan de basura hasta las orejas’, sostienen que “por más mugre que les caiga, siempre se mantienen limpios”.
¡Bueno! ellos sólo recogen lo que les sirve; lo que pueden reciclar. El resto lo entierran.
O sea que los basuriegos lo único que hacen es pensar de una manera positiva y, de esta forma, le sacan más provecho a su digno trabajo.
Si usted se acostumbra a poner el pensamiento negativo al comienzo de su agenda, debe aprender a eliminarlo de una.
¿Cómo se logra?
Un alma fuerte logra maravillas en un cuerpo débil; un pensamiento agradable, destruye un momento triste; y una sonrisa oportuna, es un remedio preciso para una enfermedad.
Haga el ejercicio con lo que esté haciendo ahora y verá los resultados.
Empiece por acercar la cesta de la basura de su oficina o de su cuarto y recuerde esto:
basura que entre a su vida, basura que sale de inmediato de su agenda
Pese al temporal, algo bueno vendrá
Es dentro de usted, justo en ese espacio interno, valioso y trascendental que existe en su corazón, en donde está la chispa de su vida. Allí se encuentran todas las respuestas que necesita.
Por eso, ante cualquier situación difícil por la que atraviese, debe tener confianza y aprender a escuchar a su ser interior.
La vida le trae de manera cotidiana diferentes situaciones, unas más difíciles que otras. Sin embargo, le corresponde buscar soluciones apropiadas, las cuales se convertirán en escalones para su crecimiento.
Cada cosa que le sucede es, de manera literal, un espejo en donde se puede mirar. Si el aguacero de la angustia llena el horizonte de su pensamiento, sencillamente verá nubes grises por doquier.
En cambio, si la calma viene a sentarse en medio de su pecho, verá cómo la tranquilidad se mece al vaivén de sus grandes anhelos.
Mejor dicho: si su cabeza es una ‘guarida’ oscura en donde se esconden pensamientos de odio, de rencor o de envidia; cuando camine por la vida, sólo verá pasar por ella estos feos sentimientos.
Trabaje con todo entusiasmo y vea los problemas del momento como sanos retos. Las vicisitudes ponen a prueba nuestra capacidad para levantarnos.
No pase sus situaciones a otros para ahorrarse el esfuerzo mental en la búsqueda de las soluciones; tampoco les eche la culpa a los demás. Si actúa así, perderá valiosas oportunidades de crecer, de mejorar y de experimentar la magia de vivir.
Un último consejo: al despertar cada mañana, ofrézcale su primer pensamiento a Dios; dele gracias por el nuevo día y por el regalo de la vida. Pese a que amanezca lloviendo, prográmese un día sereno. Propóngase vivir esas 24 horas en paz con usted mismo y en armonía con las personas que están a su alrededor.
Por eso, ante cualquier situación difícil por la que atraviese, debe tener confianza y aprender a escuchar a su ser interior.
La vida le trae de manera cotidiana diferentes situaciones, unas más difíciles que otras. Sin embargo, le corresponde buscar soluciones apropiadas, las cuales se convertirán en escalones para su crecimiento.
Cada cosa que le sucede es, de manera literal, un espejo en donde se puede mirar. Si el aguacero de la angustia llena el horizonte de su pensamiento, sencillamente verá nubes grises por doquier.
En cambio, si la calma viene a sentarse en medio de su pecho, verá cómo la tranquilidad se mece al vaivén de sus grandes anhelos.
Mejor dicho: si su cabeza es una ‘guarida’ oscura en donde se esconden pensamientos de odio, de rencor o de envidia; cuando camine por la vida, sólo verá pasar por ella estos feos sentimientos.
Trabaje con todo entusiasmo y vea los problemas del momento como sanos retos. Las vicisitudes ponen a prueba nuestra capacidad para levantarnos.
No pase sus situaciones a otros para ahorrarse el esfuerzo mental en la búsqueda de las soluciones; tampoco les eche la culpa a los demás. Si actúa así, perderá valiosas oportunidades de crecer, de mejorar y de experimentar la magia de vivir.
Un último consejo: al despertar cada mañana, ofrézcale su primer pensamiento a Dios; dele gracias por el nuevo día y por el regalo de la vida. Pese a que amanezca lloviendo, prográmese un día sereno. Propóngase vivir esas 24 horas en paz con usted mismo y en armonía con las personas que están a su alrededor.
mire hacia el lado
Si no tiene zapatos nuevos, mire hacia el lado y note que hay muchos que aún andan descalzos.
• Si no tiene para cenar en restaurantes finos, mire hacia el lado y compruebe que a muchos les toca esperar a que usted termine de comer para recoger los mendrugos.
• Si no viste a la moda o sus prendas no son de marca, mire hacia el lado y vea en las ‘pasarelas’ de las calles las pintas que lucen los pordioseros.
• Si le parece duro levantarse a trabajar, mire hacia el lado y reflexione sobre lo difícil que es para muchos ‘levantarse’ a buscar trabajo.
• Si le saca de quicio hasta el más mínimo resfriado, mire hacia el lado y compadézcase de todos aquellos que tienen sus días contados.
• Sí, mire hacia el lado, pero no para comprobar las miserias de los demás, sino para entender que hay muchos que, como usted, tienen un gran peso sobre sus hombros.
• Esta es una invitación a asumir su verdad de una manera clara, para saber cómo afrontarla. Cada quien tiene su propia historia, su propio afán y su propia victoria.
• El sano vivir enseña que se debe alimentar la fuerza del espíritu. Por eso, no se puede desesperar con peligros que usted mismo se inventa
• Si no tiene para cenar en restaurantes finos, mire hacia el lado y compruebe que a muchos les toca esperar a que usted termine de comer para recoger los mendrugos.
• Si no viste a la moda o sus prendas no son de marca, mire hacia el lado y vea en las ‘pasarelas’ de las calles las pintas que lucen los pordioseros.
• Si le parece duro levantarse a trabajar, mire hacia el lado y reflexione sobre lo difícil que es para muchos ‘levantarse’ a buscar trabajo.
• Si le saca de quicio hasta el más mínimo resfriado, mire hacia el lado y compadézcase de todos aquellos que tienen sus días contados.
• Sí, mire hacia el lado, pero no para comprobar las miserias de los demás, sino para entender que hay muchos que, como usted, tienen un gran peso sobre sus hombros.
• Esta es una invitación a asumir su verdad de una manera clara, para saber cómo afrontarla. Cada quien tiene su propia historia, su propio afán y su propia victoria.
• El sano vivir enseña que se debe alimentar la fuerza del espíritu. Por eso, no se puede desesperar con peligros que usted mismo se inventa
LA ESPERANZA DEL LABRIEGO
El campesino tiene la costumbre se sentarse a ver sus siembras y repetirse así mismo que las tardes más bellas para él, llegan justo después de las mañanas más tristes.
Él, por muy alterado que esté el clima, cultiva la esperanza, la convierte en una flor de primavera y, lo que es mejor, la balancea dulcemente al vaivén de sus ilusiones.
Para él no existen terrenos estériles. Si hay agua para regarlos, abono para prepararlos y semillas para cultivarlos, él será capaz de sembrar jardines en el desierto.
El monólogo de este labriego tiene el tono verde de la esperanza incrustado en sus palabras y, por ende, en sus siembras.
A toda hora él tiene una sonrisa pintada en los labios y siempre cree que todo marchará bien.
Y lo mejor es que, al final, sus cosechas se multiplican.
Todos deberíamos pensar como el campesino. Por muy atormentados de penas y sufrimientos que hoy tengamos, no debemos olvidar que a todos nos abriga un pedazo de cielo.
A veces vivimos renegando porque nuestro camino está lleno de piedras; pero no hacemos nada para conseguir un buen calzado que nos proteja de los traspiés que a veces nos trae la vida.
La esperanza es como cualquiera de esas sustancias que se toman como medicina: nos socorre una necesidad, nos libra de un riesgo o peligro y, casi siempre, repara ese daño que causa en nosotros el desánimo.
Mientras existan ganas de luchar, hay esperanzas de vencer.
Él, por muy alterado que esté el clima, cultiva la esperanza, la convierte en una flor de primavera y, lo que es mejor, la balancea dulcemente al vaivén de sus ilusiones.
Para él no existen terrenos estériles. Si hay agua para regarlos, abono para prepararlos y semillas para cultivarlos, él será capaz de sembrar jardines en el desierto.
El monólogo de este labriego tiene el tono verde de la esperanza incrustado en sus palabras y, por ende, en sus siembras.
A toda hora él tiene una sonrisa pintada en los labios y siempre cree que todo marchará bien.
Y lo mejor es que, al final, sus cosechas se multiplican.
Todos deberíamos pensar como el campesino. Por muy atormentados de penas y sufrimientos que hoy tengamos, no debemos olvidar que a todos nos abriga un pedazo de cielo.
A veces vivimos renegando porque nuestro camino está lleno de piedras; pero no hacemos nada para conseguir un buen calzado que nos proteja de los traspiés que a veces nos trae la vida.
La esperanza es como cualquiera de esas sustancias que se toman como medicina: nos socorre una necesidad, nos libra de un riesgo o peligro y, casi siempre, repara ese daño que causa en nosotros el desánimo.
Mientras existan ganas de luchar, hay esperanzas de vencer.
Qué tanto habla con usted mismo?
Dicen que cuando uno habla solo está loco. ¡Y no es así! De hecho, puede ser más ‘cuerdo’ el conversar con uno mismo, que hacerlo con el sicólogo. ¿Por qué lo decimos?
Porque usted, y nadie más que usted, es quien sabe qué es lo que le pasa. Por eso, hablar con uno mismo tiene grandes ventajas: hay desahogos, se rebaja la tensión emocional e incluso se sacan muchas cucarachas que se anidan en la cabeza.
Es como mantener encendidos los diálogos con su espejo. Además, este ejercicio puede resolverle muchas de las angustias que tanto lo agobian.
Este ‘monólogo espiritual’ es una actividad tan sana como productiva. Muchas personas que han fracasado, reconocieron que lograron superar la adversidad gracias a la conversación que sostuvieron con sus voces interiores.
Hablar con uno mismo, ojalá sea en voz alta, es útil para pensar mejor y tomar decisiones trascendentales.
Se podrá engañar a todo el mundo, menos a Dios y a uno mismo. En ese orden de ideas, cada vez que usted decide entablar su propia charla, finalmente el mensaje que se emite es sólo la revelación transparente de lo que hay en su corazón.
Hay que hacer una advertencia: se debe tener cuidado de lo que habla, porque puede ser un diálogo positivo o negativo.
La Biblia señala que un hombre rico se la pasaba hablando en voz alta de toda la plata que tenía, y de tanto jactarse de su dinero, sus familiares lo tildaron de loco y le quitaron su fortuna.
Por otro lado, las Sagradas Escrituras también recuerdan que el hijo pródigo hablaba consigo mismo del amor que le tenía a su padre y de lo tanto que extrañaba a su familia y, después de analizarlo, tomó la mejor decisión: regresó a su hogar.
Tampoco se trata de que cuando hable con usted se la pase dándose duro, reprochándose y lastimando por aquello que hizo o dejó de hacer.
Mucho menos tiene derecho a quejarse por todo y asumir el rol del ‘pobrecito yo’.
Recuerde que usted es lo que piensa o, para el caso de esta página, usted es lo que habla con usted mismo.
Porque las palabras dejan huella, tienen poder e influyen de una manera sana o errada. Ellas curan o hieren, animan o desmotivan, reconcilian o enfrentan, iluminan o ensombrecen, dan vida o dan muerte...
Le corresponde hablar de cosas que sean verdaderamente honestas, precisas, amables y que, incluso, sean dignas de ser escuchadas después por los demás.
Cuando les imprimimos palabras a los sentimientos, logramos expresarnos con los demás y conseguimos esas cosas buenas que tanto anhelamos.
Porque usted, y nadie más que usted, es quien sabe qué es lo que le pasa. Por eso, hablar con uno mismo tiene grandes ventajas: hay desahogos, se rebaja la tensión emocional e incluso se sacan muchas cucarachas que se anidan en la cabeza.
Es como mantener encendidos los diálogos con su espejo. Además, este ejercicio puede resolverle muchas de las angustias que tanto lo agobian.
Este ‘monólogo espiritual’ es una actividad tan sana como productiva. Muchas personas que han fracasado, reconocieron que lograron superar la adversidad gracias a la conversación que sostuvieron con sus voces interiores.
Hablar con uno mismo, ojalá sea en voz alta, es útil para pensar mejor y tomar decisiones trascendentales.
Se podrá engañar a todo el mundo, menos a Dios y a uno mismo. En ese orden de ideas, cada vez que usted decide entablar su propia charla, finalmente el mensaje que se emite es sólo la revelación transparente de lo que hay en su corazón.
Hay que hacer una advertencia: se debe tener cuidado de lo que habla, porque puede ser un diálogo positivo o negativo.
La Biblia señala que un hombre rico se la pasaba hablando en voz alta de toda la plata que tenía, y de tanto jactarse de su dinero, sus familiares lo tildaron de loco y le quitaron su fortuna.
Por otro lado, las Sagradas Escrituras también recuerdan que el hijo pródigo hablaba consigo mismo del amor que le tenía a su padre y de lo tanto que extrañaba a su familia y, después de analizarlo, tomó la mejor decisión: regresó a su hogar.
Tampoco se trata de que cuando hable con usted se la pase dándose duro, reprochándose y lastimando por aquello que hizo o dejó de hacer.
Mucho menos tiene derecho a quejarse por todo y asumir el rol del ‘pobrecito yo’.
Recuerde que usted es lo que piensa o, para el caso de esta página, usted es lo que habla con usted mismo.
Porque las palabras dejan huella, tienen poder e influyen de una manera sana o errada. Ellas curan o hieren, animan o desmotivan, reconcilian o enfrentan, iluminan o ensombrecen, dan vida o dan muerte...
Le corresponde hablar de cosas que sean verdaderamente honestas, precisas, amables y que, incluso, sean dignas de ser escuchadas después por los demás.
Cuando les imprimimos palabras a los sentimientos, logramos expresarnos con los demás y conseguimos esas cosas buenas que tanto anhelamos.
lunes, 1 de noviembre de 2010
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