Es una página de reencuentro consigo mismo que permite darnos herramienta para encontrar el camino de la busqueda de nuestra espiritualidad
domingo, 22 de agosto de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
Otra vez a mi
"¿Cómo puede ser que me suceda nuevamente, con tanto esfuerzo que hice para cambiar esa parte de mí?". "Qué pena! No me di cuenta y desperdicié mi única oportunidad...!". Ante este tipo de pensamiento, acto seguido, uno se cuestiona el valor de su propia inteligencia; quizás se insulte a sí mismo, o tal vez culpe a la vida respecto de que ciertos asuntos vuelvan a repetírsenos, o de que perdamos oportunidades sin haber respondido desde nuestro mejor lugar... Sin embargo, a veces alivia saber una cosa: a todos nos pasa lo mismo. No, no es por aquello de que "Mal de mucho consuelo de tontos", sino que, saber que este tipo de repeticiones son naturales en el proceso de evolución de un individuo, descarga el peso de concebirlas como una "falla estrictamente personal" (algo así como si uno se dijera "No sirvo para este mundo, para esta vida"). A todos se nos presentan estas situaciones repetitivas, como si los eventos esperaran de nosotros una mejor respuesta que la que dimos la última vez desde nuestra propia mecanicidad.
No hay cómo saber si la Realidad en sí tiene o no un Sentido, si es "para algo" que ciertos eventos se repiten en la historia personal, si hay una Ley oculta que genere este fenómeno con alguna razón difícil de comprender: en ningún lugar te entregarán un certificado en el que conste que esas cosas tienen algún Sentido. Sin embargo, esto implica que la opción está en uno. Uno mismo es quien puede posicionarse de dos maneras: o bien como una víctima de las circunstancias, que nada puede hacer para evitarlas, o como alguien que se predispone a aprender de eso que le sucede. En ese caso, así no tengamos una constancia fehaciente de que la vida tiene un Sentido, esa actitud misma estaría adjudicándoselo, por nuestra propia decisión.
Si uno evoca a las mejores personas que haya conocido, no importa a qué se hayan dedicado, qué credo practicaran, cuán anónimas o importantes hayan resultado: seguro, sí, que esas personas han procurado sostener a lo largo de las peores circunstancias esa segunda actitud (actitud que con frecuencia requiere de un hondo valor, de una fuerza de espíritu muchas veces colosal). Tal vez seamos como esas cerámicas que necesitan ir al horno varias veces hasta que se logre una cocción tal que la pieza cobre su pleno valor y su total belleza: cada repetición, entonces, se convertiría en una oportunidad de ser "más cocidos"; es decir, menos "crudos", más sensatos, más modestos, y, -por qué no-, más sabios. Quizás para eso la vida presenta otra oportunidad ante aquello que no pudimos aprovechar aún para aprender...
No hay cómo saber si la Realidad en sí tiene o no un Sentido, si es "para algo" que ciertos eventos se repiten en la historia personal, si hay una Ley oculta que genere este fenómeno con alguna razón difícil de comprender: en ningún lugar te entregarán un certificado en el que conste que esas cosas tienen algún Sentido. Sin embargo, esto implica que la opción está en uno. Uno mismo es quien puede posicionarse de dos maneras: o bien como una víctima de las circunstancias, que nada puede hacer para evitarlas, o como alguien que se predispone a aprender de eso que le sucede. En ese caso, así no tengamos una constancia fehaciente de que la vida tiene un Sentido, esa actitud misma estaría adjudicándoselo, por nuestra propia decisión.
Si uno evoca a las mejores personas que haya conocido, no importa a qué se hayan dedicado, qué credo practicaran, cuán anónimas o importantes hayan resultado: seguro, sí, que esas personas han procurado sostener a lo largo de las peores circunstancias esa segunda actitud (actitud que con frecuencia requiere de un hondo valor, de una fuerza de espíritu muchas veces colosal). Tal vez seamos como esas cerámicas que necesitan ir al horno varias veces hasta que se logre una cocción tal que la pieza cobre su pleno valor y su total belleza: cada repetición, entonces, se convertiría en una oportunidad de ser "más cocidos"; es decir, menos "crudos", más sensatos, más modestos, y, -por qué no-, más sabios. Quizás para eso la vida presenta otra oportunidad ante aquello que no pudimos aprovechar aún para aprender...
Es mejor decir Basta ya y Adios
Hay duelos cuyo final se difumina a lo largo de la vida, o que, por ser tan grande la pérdida, no admiten un verdadero cierre: el dolor se va encastrando en lo cotidiano, hasta que, al menos, ya no lo invade todo, y se encuentra una nueva manera de vivir, que incluye dignamente ese dolor. Pero hay otros duelos ante los que quizás necesitamos tomar una actitud diferente. Duelos que si se los deja evolucionar pueden contaminarlo todo, tal como ciertos tóxicos capaces de, en pequeñas gotas, polucionar miles de litros de agua. Duelos que ocupan más tiempo del que lo perdido merece. Duelos que, para cerrarlos, requieren por parte del duelante una participación activa, fundamentada en una sola palabra: "basta". De una sola vez o en cuotas, pero "basta". "Basta" significa "ya fue suficiente" = ya fue bastante.
Resulta curioso: es como si uno advirtiera que esa persona que nos dejó, eso que perdimos, eso que anhelamos pero nunca llegó a ser... ocupa demasiado espacio interno. Y a veces externo! Con frecuencia guardamos objetos que evocan ese dolor, con lo cual nos garantizamos que se perpetúe, melancólicamente. Quedamos atrapados en la gran trampa de la canción "Lucía", del querido Serrat: "No hay nada más bello que lo que nunca he tenido / ni nada más amado que lo que perdí...". Sí, es una trampa. Y puede ser una trampa mortal. Pues la vida es ahora, con lo que hay. Y muchas veces, inclusive, esos amores que seguimos duelando, no valen ni quince minutos de nuestra vida actual. ¿Por qué permitir, entonces que nos habite por años? Es extraño, pero un día uno puede decir la palabra mágica: "basta". Y se acabó. Dejar espacio para lo nuevo.
Esa palabra puede estar sostenida por algo muy hondo: el respeto a sí mismo, al ansia de vida que quiere seguir adelante y está retenida por lo viejo, al hartazgo de regurgitar lo que quizás ya sólo merezca ser excretado. El "basta" se fundamenta en una percepción sentida de aquello que Goethe expresó con tanta contundencia: "Ya que la vida es corta, no la hagamos pequeña". Ciertos recuerdos son como los habitantes ilegales de una casa abandonada. La casa abandonada, en ese caso, somos nosotros; y no porque, eventualmente, nos hayan abandonado, sino porque nos habremos abandonado a nosotros mismos. De ninguna manera! A desalojar a los intrusos! A cargar todo lo rancio, todo lo roto, todo lo caduco, en un enorme morral, y a despeñarlo en algún barranco, gritando a viva voz: "BASTA! Me declaro VIVO y DISPONIBLE.".
Resulta curioso: es como si uno advirtiera que esa persona que nos dejó, eso que perdimos, eso que anhelamos pero nunca llegó a ser... ocupa demasiado espacio interno. Y a veces externo! Con frecuencia guardamos objetos que evocan ese dolor, con lo cual nos garantizamos que se perpetúe, melancólicamente. Quedamos atrapados en la gran trampa de la canción "Lucía", del querido Serrat: "No hay nada más bello que lo que nunca he tenido / ni nada más amado que lo que perdí...". Sí, es una trampa. Y puede ser una trampa mortal. Pues la vida es ahora, con lo que hay. Y muchas veces, inclusive, esos amores que seguimos duelando, no valen ni quince minutos de nuestra vida actual. ¿Por qué permitir, entonces que nos habite por años? Es extraño, pero un día uno puede decir la palabra mágica: "basta". Y se acabó. Dejar espacio para lo nuevo.
Esa palabra puede estar sostenida por algo muy hondo: el respeto a sí mismo, al ansia de vida que quiere seguir adelante y está retenida por lo viejo, al hartazgo de regurgitar lo que quizás ya sólo merezca ser excretado. El "basta" se fundamenta en una percepción sentida de aquello que Goethe expresó con tanta contundencia: "Ya que la vida es corta, no la hagamos pequeña". Ciertos recuerdos son como los habitantes ilegales de una casa abandonada. La casa abandonada, en ese caso, somos nosotros; y no porque, eventualmente, nos hayan abandonado, sino porque nos habremos abandonado a nosotros mismos. De ninguna manera! A desalojar a los intrusos! A cargar todo lo rancio, todo lo roto, todo lo caduco, en un enorme morral, y a despeñarlo en algún barranco, gritando a viva voz: "BASTA! Me declaro VIVO y DISPONIBLE.".
La Opiniòn Ajena
Un momento: no se deje intimidar por la opinión ajena. Es claro que en muchas sociedades ha quedado como “anticuado” o “pasado de moda” el ser recto, honesto, veraz. Es más: hay quienes apelan al léxico de la Psicología para defenestrar ese tipo de actitud, evaluando a quien la practica como “reprimido”, “atado a mandatos”, “rígido”... un “superyoico” (entendiendo que para Freud el Superyó sería una instancia psíquica que exige el cumplimiento de las reglas aprendidas).
No: la ética más profunda no es aprendida. Nace del cabal reconocimiento, -muchas veces intuitivo-, de que todos somos Uno: porciones del Todo jugando el juego de estar vivos. Así, respetar al otro es respetarse a sí mismo, y dañar al otro implica dañar una parte de sí. Este tipo de ética, como nace desde adentro, puede ser vital aún en quien quizás creció en una familia que practicaba el “no me importa” más que la recta acción.
Si cada uno de nosotros se conectara con su verdadero Ser, no haría falta regla externa: así como la compasión nace de sentir-con-el-otro, no contaminaríamos un río porque sentiríamos que estamos hechos de ese agua, no tiraríamos un papel porque ensuciaríamos el caminar del otro, -que es igual a uno mismo-, procuraríamos ser rectos ya no para evitar el castigo de un Dios punitivo, ni para complacer a nuestro Superyó, sino porque la opción contraria implicaría auto-traicionarnos. A pesar de la opinión ajena, aunque muchos se burlen o no respeten lo que nosotros sí respetamos, se hace lo que hay que hacer porque el alma no tiene otra opción que no le haga sentir vergüenza de sí misma. Por eso Krishnamurti le llamó "acción sin opción". Así también lo dijo el genial psiquiatra suizo Carl Jung:
No: la ética más profunda no es aprendida. Nace del cabal reconocimiento, -muchas veces intuitivo-, de que todos somos Uno: porciones del Todo jugando el juego de estar vivos. Así, respetar al otro es respetarse a sí mismo, y dañar al otro implica dañar una parte de sí. Este tipo de ética, como nace desde adentro, puede ser vital aún en quien quizás creció en una familia que practicaba el “no me importa” más que la recta acción.
Si cada uno de nosotros se conectara con su verdadero Ser, no haría falta regla externa: así como la compasión nace de sentir-con-el-otro, no contaminaríamos un río porque sentiríamos que estamos hechos de ese agua, no tiraríamos un papel porque ensuciaríamos el caminar del otro, -que es igual a uno mismo-, procuraríamos ser rectos ya no para evitar el castigo de un Dios punitivo, ni para complacer a nuestro Superyó, sino porque la opción contraria implicaría auto-traicionarnos. A pesar de la opinión ajena, aunque muchos se burlen o no respeten lo que nosotros sí respetamos, se hace lo que hay que hacer porque el alma no tiene otra opción que no le haga sentir vergüenza de sí misma. Por eso Krishnamurti le llamó "acción sin opción". Así también lo dijo el genial psiquiatra suizo Carl Jung:
jueves, 19 de agosto de 2010
poesia (de una reflexiòn muy profunda)
Dentro de mi… “El, Ella… el Todo”
Ella y Él están dentro de mí, se buscan para ser Uno,
Uno con la Vida.
Se buscan para manifestarse en el Todo
y “Hacer la Vida".
Y esto que descubrí en mi… intuyo está…
Durmiendo profundamente
En todo Ser Humano…
Esperando ser Descubierto
Y así Iluminar su Ser y Hacer en el mundo,
Esta "Comprensión" empezó.....
Con un fuerte impacto,
Un destello de hermosa luz
En el centro del pecho
Con su fuerza radiante
Des-cubriendo, Dentro mío...
“El, Ella..Lo Uno…el Todo”…
Ser en el Uno para conectar con el Todo
Ser en Libertad con el Otro.
Y entonces lo que busco y hago en el mundo
Cobrara significado Interno
Libertad y Sentido Trascendente.
Silvia Reyes.
Ella y Él están dentro de mí, se buscan para ser Uno,
Uno con la Vida.
Se buscan para manifestarse en el Todo
y “Hacer la Vida".
Y esto que descubrí en mi… intuyo está…
Durmiendo profundamente
En todo Ser Humano…
Esperando ser Descubierto
Y así Iluminar su Ser y Hacer en el mundo,
Esta "Comprensión" empezó.....
Con un fuerte impacto,
Un destello de hermosa luz
En el centro del pecho
Con su fuerza radiante
Des-cubriendo, Dentro mío...
“El, Ella..Lo Uno…el Todo”…
Ser en el Uno para conectar con el Todo
Ser en Libertad con el Otro.
Y entonces lo que busco y hago en el mundo
Cobrara significado Interno
Libertad y Sentido Trascendente.
Silvia Reyes.
domingo, 8 de agosto de 2010
los tiempos internos
Hoy mis reflexiones tratan sobre los tiempos internos.
Hay un tiempo para todo.
Tiempo de pensar, de meditar y tiempo de actuar, de emprender.
Tiempo de sembrar y de cosechar, según reza la Biblia.
En cada aspecto de nuestra vida tenemos que tener la inteligencia emocional, de darnos cuenta cual es nuestro tiempo interno.
Para ello es imprescindible estar conectados con nuestro Ser interior, ese sabio que nos conduce por el camino que más nos conviene en cada momento
La naturaleza nos enseña a respetar los ritmos, primavera, verano, otoño e invierno. Cada estación nos brinda la posibilidad de algo diferente; cada una tiene su objetivo perfectamente establecido.
Necesitamos la vitalidad del verano y la pasividad del invierno, el renacer de la primavera y la sensibilidad del otoño.
Respetar los ritmos, los propios tiempos internos, sin forzarnos a avanzar cuando no lo sentimos así, y sin frenarnos cuando nuestra voz nos dice adelante; es un gran aprendizaje.
En tu interior siempre están las respuestas.
Eduquemos nuestro ego, aprendiendo a escuchar a nuestro sabio interior, permitiendo que él nos guíe.
Evitemos la tendencia de nuestro querido ego, a movernos en lo conocido y acostumbrado.
El resultado siempre es incierto, nunca tendremos la seguridad absoluta de lo que puede ocurrir, ya sea que actuemos o dejemos de hacerlo. Nunca tendremos el resultado garantizado.
Animémonos a seguir la voz de nuestro corazón, que tiene la certeza de que todo lo que sucede es lo que necesitamos en ese momento.
Dale tiempo al tiempo y el tiempo te enseñará muchas cosas
Hay un tiempo para todo.
Tiempo de pensar, de meditar y tiempo de actuar, de emprender.
Tiempo de sembrar y de cosechar, según reza la Biblia.
En cada aspecto de nuestra vida tenemos que tener la inteligencia emocional, de darnos cuenta cual es nuestro tiempo interno.
Para ello es imprescindible estar conectados con nuestro Ser interior, ese sabio que nos conduce por el camino que más nos conviene en cada momento
La naturaleza nos enseña a respetar los ritmos, primavera, verano, otoño e invierno. Cada estación nos brinda la posibilidad de algo diferente; cada una tiene su objetivo perfectamente establecido.
Necesitamos la vitalidad del verano y la pasividad del invierno, el renacer de la primavera y la sensibilidad del otoño.
Respetar los ritmos, los propios tiempos internos, sin forzarnos a avanzar cuando no lo sentimos así, y sin frenarnos cuando nuestra voz nos dice adelante; es un gran aprendizaje.
En tu interior siempre están las respuestas.
Eduquemos nuestro ego, aprendiendo a escuchar a nuestro sabio interior, permitiendo que él nos guíe.
Evitemos la tendencia de nuestro querido ego, a movernos en lo conocido y acostumbrado.
El resultado siempre es incierto, nunca tendremos la seguridad absoluta de lo que puede ocurrir, ya sea que actuemos o dejemos de hacerlo. Nunca tendremos el resultado garantizado.
Animémonos a seguir la voz de nuestro corazón, que tiene la certeza de que todo lo que sucede es lo que necesitamos en ese momento.
Dale tiempo al tiempo y el tiempo te enseñará muchas cosas
domingo, 11 de julio de 2010
Nadie es dueño de tu felicidad,
por eso no entregues tu alegría, tu paz, tu vida en las manos de nadie, absolutamente a nadie.
Somos libres, no pertenecemos a nadie, y no podemos querer ser dueños de los deseos, de la voluntad o de los sueños de quien quiera que sea.
La razón de tu vida eres tú mismo.
Tu paz interior es tu meta en la vida.
Cuando sientas un vacío en el alma, cuando creas que aún te está faltando algo, aún teniéndolo todo, guarda tus pensamientos para tus deseos más íntimos y busca la divinidad que existe en ti.
Deja de situar tu felicidad cada día más distante de ti. No coloques el objetivo demasiado lejos de tus manos, abraza a los que están a tu alcance hoy.
Si andas preocupado por problemas financieros, amorosos o de relaciones familiares, busca en tu interior la respuesta para calmarte, tú eres el reflejo de lo que piensas diariamente.
Deja de pensar mal de ti mismo y sé tu mejor amigo siempre.
Sonreír significa aprobar, aceptar, facilitar. Entonces, habrá una sonrisa para aprobar el mundo que quiere ofrecerte lo mejor. Con una sonrisa en el rostro, las personas tendrán las mejores impresiones de ti, y tú estarás afirmando para ti mismo, que estás 'próximo' a ser feliz...
Trabaja, trabaja mucho a tu favor. Deja de esperar la felicidad sin esfuerzos. Deja de exigir de las personas aquello que ni para ti has conquistado aún.
Criticar menos, trabajar más.
Y no te olvides nunca de agradecer.
Agradece todo lo que está en tu vida, en cada momento, inclusive el dolor.
Nuestra comprensión del universo, aún es muy pequeña para juzgar lo que quiere que sea en nuestra vida.
La grandeza no consiste en recibir honores, mas sí en merecerlos.
Somos libres, no pertenecemos a nadie, y no podemos querer ser dueños de los deseos, de la voluntad o de los sueños de quien quiera que sea.
La razón de tu vida eres tú mismo.
Tu paz interior es tu meta en la vida.
Cuando sientas un vacío en el alma, cuando creas que aún te está faltando algo, aún teniéndolo todo, guarda tus pensamientos para tus deseos más íntimos y busca la divinidad que existe en ti.
Deja de situar tu felicidad cada día más distante de ti. No coloques el objetivo demasiado lejos de tus manos, abraza a los que están a tu alcance hoy.
Si andas preocupado por problemas financieros, amorosos o de relaciones familiares, busca en tu interior la respuesta para calmarte, tú eres el reflejo de lo que piensas diariamente.
Deja de pensar mal de ti mismo y sé tu mejor amigo siempre.
Sonreír significa aprobar, aceptar, facilitar. Entonces, habrá una sonrisa para aprobar el mundo que quiere ofrecerte lo mejor. Con una sonrisa en el rostro, las personas tendrán las mejores impresiones de ti, y tú estarás afirmando para ti mismo, que estás 'próximo' a ser feliz...
Trabaja, trabaja mucho a tu favor. Deja de esperar la felicidad sin esfuerzos. Deja de exigir de las personas aquello que ni para ti has conquistado aún.
Criticar menos, trabajar más.
Y no te olvides nunca de agradecer.
Agradece todo lo que está en tu vida, en cada momento, inclusive el dolor.
Nuestra comprensión del universo, aún es muy pequeña para juzgar lo que quiere que sea en nuestra vida.
La grandeza no consiste en recibir honores, mas sí en merecerlos.
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