Existen diametrales posiciones del yo entre estados
alterados que van desde la actividad cotidiana a la emoción violenta y estados
ensimismados que van desde la calma reflexiva hasta la desconexión con el mundo
externo. Hay, sin embargo, otros estados alterados en los que las
representaciones se externalizan proyectivamente, de tal modo que realimentan a
la conciencia como “percepciones” provenientes del mundo externo y otros, de
ensimismamiento, en los que la percepción del mundo externo se internaliza
introyectivamente.
Hemos escuchado y leído historias e informes seriamente
controlados, sobre las alucinaciones que padecen quienes se encuentran en
situaciones de compromiso en las altas montañas, en las soledades polares, en
los desiertos y en los mares. El estado físico de fatiga, anoxia y sed; el
estado psíquico de abandono en la monotonía del silencio y la soledad; las
condiciones ambientales térmicas extremas, son elementos que han llegado a
conformar casos de alteraciones alucinatorias y mucho más frecuentemente, casos
de alteraciones ilusorias puntuales.
Por otra parte, del lado del ensimismamiento introyectivo, la
sensación externa llega a la conciencia pero la representación correspondiente
opera desconectada del contexto general perceptivo realimentando a la
conciencia que interpreta y registra el fenómeno como interioridad
“significativa”, como representación que parece “dirigirse” a la interioridad
del sujeto de modo directo. En un ejemplo: las luces coloreadas de los
semáforos de una gran ciudad, comienzan de pronto, a los ojos de un angustiado
peatón, a “enviar” misteriosos códigos y claves. El sujeto, a partir de ese
momento, se considera como la única persona capaz de “recibir” y comprender el
significado de esos mensajes.
Los estados alterados proyectados y los estados ensimismados
introyectados corresponden a transitorias o permanentes perturbaciones de la
conciencia vigílica que mencionamos acá como casos de emplazamientos
diametrales en la ubicación del yo. Por lo demás, debemos mencionar también a
los estados de alteración y ensimismamiento en el nivel de sueño con
imágenes y en el semisueño.
En Psicología III pasamos revista a numerosos casos de
perturbaciones transitorias de conciencia14.
Se mencionó la situación de alguien que proyecta sus representaciones internas
y queda fuertemente sugestionado por ellas, de modo parecido a lo que ocurre en
pleno sueño cuando se padece la sugestión de las imágenes oníricas. Se trata de
alucinaciones que también ocurren por estados febriles intensos; por acción
química (gases, drogas y alcohol); por acción mecánica (giros, respiraciones
forzadas, opresión de arterias); por supresión de sentidos externos (cámara de
silencio) y por supresión de sentidos internos (ingravidez en cosmonautas).
Debemos considerar también las perturbaciones accidentales
cotidianas. Estas se manifiestan en los cambios de humor súbito, tales como los
accesos de cólera y las explosiones de entusiasmo que en mayor o menor medida,
nos permiten experimentar el desplazamiento del yo hacia la periferia mientras
cae la reversibilidad y el estado se hace más alterado. Observamos lo contrario
frente a un peligro súbito, ante el cual el sujeto se contrae o huye tratando
de poner distancia entre él y el objeto amenazante. En todo caso, el
desplazamiento del yo es hacia la interioridad. También podemos comprobar, en
la misma dirección, ciertas conductas infantiles curiosas. En efecto, los niños
suelen utilizar juguetes monstruosos con los que “frenan” o “combaten” a otros
monstruos que están al acecho, o se acercan en la noche... Y, cuando esa
tecnología no da resultado, siempre queda el recurso de las sábanas que ocultan
el cuerpo ante las atroces amenazas. Es claro, en estos casos, que el yo se ensimisma
e introyecta.
Silo
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